
Nadie me enseñó a ser persona. No pasé ningún examen, ni estudié ningún libro para serlo. No tuve siquiera un veterano, y yo sigo siendo una novata sin saber cómo tratar realmente a la vida.
Por eso decidí que mi existencia estaría llena de sonrisas. Y que mi camino lo forjaría yo, con la velocidad ilimitada y sin distancia de separación.
Los aparcamientos sólo me han servido a lo largo de estos años para huír por momentos de la masa de problemas que a veces se abalanzaba sobre mí. Para respirar profundo cuando no encontraba las sonrisas por ninguna parte del maletero. Y para reponer esas ruedas pinchadas que a veces se empeñaban en ralentizar mi camino. Esporádicamente se aliaban con los baches de la carretera, y conseguían derramar las latas de lágrimas que tenía bien cerradas en el posavasos. El golpe contra el suelo provocaba una explosión de gotas saladas acompañadas por gemidos silenciosos que salían por el orificio del envase.
Pero ésto, sólo sucedía ocasionalmente.
Cada equis tiempo paraba en las áreas de servicio. Siempre había alguien dispuesto a acompañarte en tu viaje, aunque no tuvieses ningún rumbo fijo. Recogía a personas de diferentes características, e iba forjando distintas relaciones. Unos se sentaban en el asiento posterior, otros incluso iban a parar al maletero... pero sin duda alguna, la persona que se sentaba de copiloto, era la que más huella dejaba. Fueron distintos traseros los que se sentaron en aquel viejo sillón, y numerosas miradas que se quedaron conmigo cuando decidían irse. Todavía no ha llegado nadie capaz de aguantar el viaje entero conmigo.
Pero... no hay prisa, aún queda mucho camino por recorrer.
Cada stop me hacía mirar con más detenemiento todo mi alrededor... a lo mejor algún despistado se chocaba conmigo. Y esa clase de encontronazos... pueden salir o muy mal, o muy bien. Es decir, o se jode el coche, o un simple rasguño se te mete bien dentro. Tan dentro que puede que llegue al asiento del copiloto...
Pero lo peor, sin duda alguna, eran las áreas de frenado. Tener que pisar a fondo ese pedal del medio, por sorpresa, por emergencia. Por querer dejarlo todo.
Pocas veces tuve que recurrir a él, por suerte.
Siempre preferí seguir caminando.
Pisando el acelerador.
Hay personas que deciden dejar caer su "L" sobre la bandeja de atrás. Les avergüenza ser novatos.
Yo prefiero darlo a entender. Solamente soy experta en no serlo.
Todos somos alumnos y profesores.
Nadie sabe ser.
Nadie sabe ser... persona.
...te cedo el paso en mi camino.
Andá vos adelante; pero no olvides poner el intermitente.
No quiero perderte; quiero perderme en vos.
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