6.7.10

El profundo vacio del día después .



Son traicioneros los mundiales. Traicioneros y crueles. Uno los espera cuatro años con devota ansiedad y en menos de un mes, en un chasquido de dedos, ya pasan a ser historia. El de 2010 lo estamos comenzando a archivar y la pena, parafraseando a Calamaro, nos empieza a crecer adentro.


El final fue muy duro. La ilusión se hizo añicos.


Hubo indicios, aparecieron algunas señales, que no se pudieron o no se quisieron ver. El partido ante México aún en la victoria encendió las luces de alerta. Cuando Alemania obligó al cambio ya era demasiado tarde.


No nos encontramos con nada que no supiéramos. La Argentina le ganó a tres rivales inferiores en primera ronda, sin ser atacado. Aprovechó un horror arbitral y su poder de fuego para ganar el partido que debía y meterse entre los ocho. Luego, la realidad nos devolvió al diagnóstico de primera mano. Había jugadores de sobra del medio hacia adelante, faltaban recambios del medio hacia atrás y sin plan todo pasaba por la jerarquía de las individualidades.


Maradona se enamoró de sus decisiones y nada ni nadie lo bajó a la tierra. Sostener los tres delanteros creyendo que le darían tanta llegada como juego, resultó un pecado capital. Verlo a Messi forzado entre una marea de camisetas negras, buscando la pelota como un doble mediocampista central, debiendo pasar el balón, encarar y llegar, todo en un solo acto, era demasiado aún para quién sigue siendo el mejor de todos. Observarlo a Mascherano debatirse en inferioridad, al límite en cada cruce, marcaba la intensidad del partido. Es cierto que un gol prematuro rompe cualquier marco teórico, tanto como que la pasividad de la defensa y del arquero ante el primer centro que cayó en el área fue la primera respuesta endeble de una sucesión de groseras desatenciones. En la cadena de juego siempre hubo un eslabón perdido en la segunda fase de gestación. El equipo buscaba un faro cerca del círculo central y Verón estaba sentado en el banco. Cuando el entrenador pensó en Pastore ya era tarde y cuando finalmente se decidió a incluirlo, el segundo grito de Alemania era una realidad consumada.


Además de las nítidas, hubo diferencias sutiles. Mientras lo de Low lograban atacar, Argentina apenas si podía avanzar. Le velocidad y determinación de Muller y Podolski, no encontraba paridad en Maxi Rodriguez y Dimaría. La presión que ejerció Khedira, nunca tuvo respuesta en Mascherano. El fútbol excelso de Schweinsteiger alimentando la voracidad de Klose, jamás se vio opacado por los intentos argentinos.


Nos fuimos del hermoso estadio de Ciudad del Cabo, sin saber con exactitud como defendía la última línea germana, ni si como parecía, era tan seguro el portero teutón.


La evolución de Alemania luego de aquel amistoso de cuatro meses atrás es extraordinaria y parte de la repuesta, vuelve a exhibir lo increíble del fútbol. La lesión de Ballack benefició a los germanos. Les dio otra dinámica, juego fluido y llegada profunda. Como contrapartida, Maradona confirmó aquella vez que en un partido de semejante categoría necesitaba cuatro mediocampistas, pero esta vez ejecutó otra decisión.


Una vez más pediremos por una profunda revisión. Entre la materia prima, para entender que no existe la riqueza indiscriminada que algunos dicen ver y en todo caso, si hay abundancia en algunos sectores del campo, hay escasez evidente en otros. En el ámbito formativo, para recuperar a las bases y obtener allí los recursos genuinos que mañana proveerán al seleccionado mayor. En el marco dirigencial para tratar de modificar el tiempo del “todo pasa” que solo acumula olores nauseabundos en todo lo que toca. En los hinchas y el periodismo, para entender que los tiempos de Diego jugador no tienen parangón y que en una revisión histórica, determinan que aquello fue una excepción y esta realidad que nos duele es la regla


Habrá que esperar otros cuatro años. En el archipiélago de Robben Island, justo enfrente del estadio de la bella Ciudad del Cabo donde murieron los sueños albicelestes, permaneció detenido Nelson Mandela durante algo más de un cuarto de siglo. Las ilusiones del fútbol argentino continuarán privadas de su libertad hasta el mundial de Brasil 2014 cuando la cuenta ya alcance casi las tres décadas. Ojalá se haya aprendido la lección. Al menos para liberar algún grito inolvidable y entonces sentir que volvió a valer la pena esa espera tan larga, por algo que nos encanta pero se evapora tan pronto.

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